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Un cerdo digno de mí [Privado - Especial]

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Un cerdo digno de mí [Privado - Especial]

Mensaje por Eltío D. Copete el Dom Feb 17, 2013 12:47 pm

Por fin había llegado el momento. Era la época de la Migración de Cerdos Barbacoa.
No era un suceso demasiado importante ni nada que trajera consigo la suficiente repercusión para que los medios de prensa acudieran a su espectáculo. Sin embargo, para mí, siempre ha sido bonito ver animales y analizar de qué forma podría comérmelos.
Pero hoy me hallaba ahí por un objetivo completamente distinto. Quería un Cerdo Barbacoa para mí, como mascota. A primera vista podía parecer una locura, ¿por qué? ¿Qué tenían esos animales de especial? Pues os lo contaré: huelen a barbacoa. ¿Acaso no es una ventaja tener algo que te sigue a todas partes con ese olor embriagador? Yo evidentemente opino que sí. Además, le podía usar de mil formas. Podía desde mi montura hasta un buen ambientador para el restaurante, ¡un chollo! ¡Y a mi gusto!

Mi mente divagaba por lo alto del tren pensando en lo bien que me lo pasaría con aquel animal como mascota. El tren tenía rumbo a Fortuna Gourmet, lugar donde se iba a producir la primera migración. No obstante, el camino se hizo largo. Había cogido la línea de tren de barata y el transporte había pasado por lugares cuya existencia desconocía al completo y que prefiero olvidar por el bien del medio ambiente. Tampoco había aperitivos ni nada para beber durante el trayecto, por lo que la sensación del paso del tiempo se hizo todavía más lenta. Delos pocos ánimos que tenía, mi tupé perdió todo su vigor y se curvó para taparme la cara.

Pasó el tiempo en el tren y daba pequeñas siestas, pero nada para matar el tiempo, hasta que al final vislumbre algo en la lejanía, algo que, viendo a través de mis pelos, hizo recuperar todo el vigor a Copete Jr., mi tupé.
Al principio solo era una mancha negra que se convirtió en silueta, con unas curvas se espasmo que si no llega a ser porque si me duermo en ese tren, me lo roban todo, allí hubiera perecido de una parada cardíaca. La veía acercarse, cada vez más, tenía la sensación de que venía hacia mí. Esa iba a ser la Señora Copete, madre de mis hijos. Lo veía en sus curvas.
- Número 18… -pensé entre jadeos también mentales. Todo fuese por mantener la compostura.
Entonces la luz de las ventanas –porque dudo mucho que aquella cafetera a railes tuviera sistema de iluminación propio- comenzó a desvelar lo que se hallaba tras la sombra. Empezó por las piernas, enseñando unas zapatillas planas rosas conjuntadas con unos vaqueros blancos bien ceñido a su curvilíneo cuerpo. La camisa estaba atada y, pese a no mostrar una buena delantera, parecía ser muy mona. La luz continuó. Un esbelto cuello con un colgante llevó hacia la cabeza, donde lo primero que pude ver fue… ¿barba?
Cuando la supuesta chica pasó a mi lado, se demostró como la tez de un delicado cuerpo pertenecía a toda una cabeza de un auténtico tiarrón, con cejas bien pobladas y un mentón bien ancho. Aquel tren fue lo peor que hubo pasado en la vida.
- Número 18 desmentido…
Por suerte, ya había llegado.

El tren que tan alta calidad presentaba, tenía la parada un poco más lejos de la ciudad que de lo normal que debería estar una parada corriente. Además, donde me había dejado, hacía bastante frío. Cuando, desde lejos, podía observar la ciudad y tomé el camino, empecé a escuchar golpes secos y continuos y a sentir temblores en el suelo. Entonces lo vi, un Cerdo Barbacoa del tamaño de un adulto bien cuidado corriendo hacia mí. Me enamoré a primera vista. Aquel era el cerdo con el que llevo soñando desde ayer, cuando conocí la migración de los Cerdos Barbacoa. Su tamaño, su porte, su cara de malas pulgas, todo era perfecto. Hasta que me embistió.
Salí despedido unos 4 metros y luego rodé por el suelo. Me hizo una gran contusión en el abdomen, pero no era nada que no pudiera soportar.
- Tienes fuerza, ¿eh? Me gusta. Aunque si te pasas, acabarás en la olla.
Sin embargo, él me miraba de forma extraña, mostrándose todo lo expresivo que se puede mostrar un animal con una cara tan grande; estaba confundido. De repente, recibió una arremetida de otro cerdo un poco más pequeño en el costado, lo que le hizo caer. Entonces yo reacción muy rápido.
Saqué de entre mis pantalones mi Bokutö de Madera y le golpeé con todas mis fuerzas en la cabeza.
- ¿¡QUÉ DEMONIOS LE HACES A MI CERDO CACHOCARNE!? –grité a pleno pulmón.
El golpe fue tremendo, no obstante, un Cerdo Barbacoa goza una resistencia infame por los cazadores. Al menos le dejé inconsciente durante poco tiempo, pero aproveché para llevarme a mi cerdito de gran tamaño. Este me siguió cuando se lo pedí, aun se mostraba confuso, pero me siguió, debido a una manda de furiosos cerdos barbacoa que se dirigían hacia aquí. Nosotros corrimos hacia la ciudad, él siempre detrás de mí, pero los cerdos nos ganaban terreno. Al final llegamos a la estación de trenes, con un tren que ya marchaba. Así que irrumpimos allí, nos abrimos paso con todo y nos colgamos del último vagón, disfrutando de la vista al ver alejarse a la manada de cerdos.
Entonces me fijé en el que había adoptado como mío. Tenía la salsa barbacoa de su cuerpo poco desarrollada. No podía ser… ¿con ese tamaño?

- Er… ¿Eres un Bebé?

Este asintió tímidamente.

- Pues ahora no te preocupes, aquí estoy yo para cuidarte. Has visto que soy muy fuerte… más o menos. Y si me eres útil, no te cocinaré.

Me miró asustado.
- ¡Es broma! ¡Seremos un superequipo! ¿Verdad, Oolong?

El cerdito bebé se alegró.
Misión cumplida.
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Eltío D. Copete
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