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Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

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Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Eltío D. Copete el Lun Feb 18, 2013 9:55 am

Mi primera misión de caza; era impresionante.
Me hallaba muy nervioso. Desde que nací solo me había peleado con pequeños perros con mala uva y pajaritos a los que les gustaba usarme como retrete, pero nada serio. Por suerte, en el avión tenían, como provisión, infusión de Cherringo. Ideal para relajarme, sin duda. Además, gozaban de un amplia gama de suculentos manjares siempre a disposición del viajero: unas auténticas aerolíneas. Hasta había una tienda donde me pude comprar una Gourmet ID, qué clase. Yo, no obstante, había decidido reservar mi estómago para lo que pudiera cazar y cocinar. Oh dios, qué nervios sentía.
Me asomé por la ventana y pude ver cómo nos acercábamos al Bosque de los Lamentos. Un lugar peligroso, mas sin embargo, me llenaba de intriga.

Llegamos a la isla. Había dejado el restaurante a cargo de Matsudato y con una gran mochila a mi espalda. Me había costado mucho cargar con ella, pues su peso era digno de mención, pero había convencido a los controladores de poder usarlo como equipaje de mano, así que viajé con ello. Desde tierra, pude notar como las azafatas lanzaban miradas escrutadoras hacia la mochila y clavaban la desconfianza hasta en mi tupé; como habían hecho todo el viaje. Lo cierto era que la mochila se había estado tambaleando bastante durante el viaje, emitiendo extraños sonidos molestando a otros pasajeros y despidiendo un curioso, aunque embriagador aroma a barbacoa, ¡pero tampoco era para ponerse así.
Cuando el avión hubo despegado, abrí la mochila y Oolong salió de ella dando brincos. En uno de ellos, intencionadamente por haberle encerrado ahí, me placó y nos caímos al suelo. Yo estaba agotado, pero por fin habíamos tocado tierra.
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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Vincent Nightwish el Miér Feb 20, 2013 11:50 am

¿Qué tanto podía tardar un avión en llegar a ese pedazo de tierra?

Eso se preguntaba cierto individuo, de cabellos rubios y porte escultural que le hacían ver idéntico a un príncipe joven y arrogante. Era un tripulante VIP del avión que mantenía rumbo a la extensión boscosa conocida como “El Bosque de los Lamentos”, un paraje que se tendía a evitar por la mayoría de la gente. De hecho, aquel avión un tanto viejo casi estaba vacío, y exceptuando a su persona el rubio sólo había visto a unos diez u once tripulantes, aunque todos ellos viajando en segunda clase. Se podría decir que el Adonis poseía un compartimiento sólo para sí, aunque tampoco se trataba de la gran cosa; un baño exclusivo para él, una cama por si el vuelo se le hacía extremadamente pesado y quería descansar, un pequeño carrito de postres por si le entraba el hambre jalado por una joven moza de elegante y voluptuosa figura y, por si todo aquello no fuera poco, también tenía televisión por cable a pesar de que al resto de los pasajeros se les pedía apagar sus aparatos eléctricos y debían conformarse con dos o tres cutres películas de la vieja escuela. Aunque bueno, esa después de todo era la diferencia entre la plebe y su magnificencia.

Carente de todo pudor, ese joven se despojó de la parte superior de sus ropas ante la sorpresa de la muchacha, quien no tardó en ruborizarse ante la escultural vista que le ofrecía el desconocido, quien notaría aquello dejando entrever una pícara y algo arrogante sonrisilla. Le causaba gracia que con sólo quitarse la camisa causara tal efecto en una mujer, aunque tampoco le sorprendía. Modestia carecía en ese ser luminoso, siendo la egolatría el mayor rasgo que lo caracterizaba adosado con un “ligero” toque de narcisismo; es que, ¿cómo podría faltar a señalar que su persona era una maravilla entre maravillas? Aquello sería mentirle de manera muy descarada al público. Luego de tirar por algún lado su camisa negra, tomó sin siquiera pedir permiso una de las copas bajo el segundo piso del carrillo, tocando intencionalmente el muslo de la joven (quien llevaba minifalda) con su brazo, haciendo ligera presión para que pudiera sentir sus músculos. Realmente no tenía sed, pero sirvió de una jarra cercana un poco del néctar de Manzana Sorpresa que muy amablemente decidieron ofrecerle, ya que a pesar de no necesitarlo pagaría con trabajo y no en dinero real. Había un encargo pendiente, y el ingrediente que buscaba se encontraba en la isla.

– A tu salud. – Mencionó, bebiendo con lentitud intencional el líquido claro y jugoso, tanto para “motivar” un poco más a su compañera como para degustar el sabor del jugo, ya que había sido fabricado con las manzanas de más alta calidad en el Mundo Humano. Jamás se le hubiera pasado por la cabeza el desperdiciar algo tan delicioso como aquello, ni tampoco se le escaparía la oportunidad de probar “otros manjares” mientras su viaje proseguía. Miró a la joven a los ojos, y ella por su parte debido a la pena no pudo corresponderle; aquello era una lastima, ya que aquello quería decir que ella tampoco sería la indicada para sentarse en el trono al lado del soberano. Aunque ello no quería decir que sus intenciones se apartaran del camino inicial, solo quería decir que esto no pasaría a mayores. - ¿De dónde eres? –. Preguntó el pelirrubio, levantando el mentón de ella con suavidad pero con suficiente fuerza para obligarla a corresponderle la mirada. Cuando esta estuvo apunto de responder, la repentina voz del capitán dio el aviso de que ya estaban llegando al bosque. Mientras veía como la azafata “escapaba” del gran depredador, logrando que este maldijera por lo bajo. No volvió a verla de nuevo después de aterrizar, quizás le habría dado miedo presentársele otra vez. Tampoco es que la culpara, ya que era comprensible el hecho de que se sintiera intimidada ante su real persona… aunque aquello no le quitaba el mal sabor de boca, perder a su presa con tanta facilidad le resultaba incluso estresante.

Antes del aterrizaje cambió su indumentaria por aquella que utilizaba sólo para cazar verdaderos ingredientes, que constaba de una armadura dorada bastante ligera que dejaba al descubierto su pecho y ropa versátil a juego. Una vez en tierra tampoco detectó la presencia de la dama, aunque sí encontró al sujeto que sería su “subordinado” mientras concluyera su viaje. Aquel hombre era bastante raro y con un peinado que dejaba mucho de que hablar, aunque parecía poder protegerse por sí mismo y eso al caballero dorado le resultaba perfecto, ya que pasaba enteramente de tener que salvarle el trasero a nadie por las buenas.

Pocos segundos antes de acercarse, notó que un Cerdo Barbacoa un tanto grande le acompañaba, también se dio cuenta de que se trataba de una cría por el olor a juventud que emanaba de su cuerpo. La verdad es que tampoco le molestaba, aunque sí le resultó curioso el tamaño de la criatura. - ¿Eres tú el que requiere de mi ayuda, no es así? –. Dijo con tono algo petulante, dirigiéndose al peculiar sujeto.

Off: decidí que sería más fácil dar por sentado que Vincent había sido contratado por la Patata Hervida para ahorrarnos el tener que encontrarnos de forma random por ahí. De esta forma resulta más sencillo, o eso creo.

De todos modos, si ves algo mal en mi texto o si no te gusta la idea puedes decírmelo y editaré al instante. Lamento hacerte esperar, un saludo.
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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Frohze el Miér Feb 20, 2013 6:59 pm

Tras haber dejado a algunos pasajeros en tierra junto con sus pertenencias, el avión despegó al instante con el propósito de alejarse de aquel bosque lo máximo posible, no sois los únicos que se encontraban en el linde del bosque de los lamentos, pues junto a vosotros se encontraba un hombre mayor, no anciano pero que sí rondaba los cincuenta o sesenta años, un hombre alto de pelo negro y tez morena, discreto y no muy hablador, que os ignoró completamente y se adentró en el bosque con la mayor tranquilidad del mundo nada más el avión despegó.

Desde el propio bosque el viento lleva consigo el sonido de los lamentos producidos por los caídos dentro del bosque, lo cual se puede ver reflejado claramente en el nombre del bosque. De alguna forma, éste trata de avisaros que es mejor no entrar, y la oscura presencia de las criaturas del bosque puede sentirse incluso desde fuera. Finalmente, desde el bosque sale un grupo bastante grande de insectos dispuestos a alimentarse con los que tratan de irrumpir en su hogar, a pesar de que el moreno de antes entró primero, los insectos decidieron ignorarle e ir a por vosotros, atraídos por el tierno olor a barbacoa de Oolong. No son insectos muy peligrosos pero podrían resultar un problema si os ganan mucho terreno debido a su gran número.

___________
Los insectos no tienen un número definido, no son muy veloces ni muy fuertes pero son muchos.


Nombre: Milpiés Gigante
Nivel de Captura: 1
Breve descripción: Los milpiés gigantes son una especie de bestia insecto que puede encontrarse en lugares oscuros, además de que varios habitan en la Cueva Laberinto y son el primer obstáculo que uno encuentra cuando primero entrar en la cueva. Se trata de un insecto que pertenece al género de los diplópodos. No posee afilados colmillos o garras y no es venenoso, pero cuando es atacado se enrolla y da rienda suelta a un olor horrible. Su sabor es como del camarón, pero como es tan feo, la mayoría de la gente no se molesta comerlo. Sólo unos pocos aficionados de cocina más exótica podrían llegar a disfrutarlo.
Habilidades destacables: Cuando es atacado da rienda suelta a un olor pestilente, capaz de marear a su adversario. También puede girar para atacar cuando se enrolla.

Hombre misterioso:

Este Pnj no os acompañará por propia voluntad y mayormente os ignorará pero estará presente en momentos clave de la caza.

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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Eltío D. Copete el Vie Feb 22, 2013 4:43 pm

Qué rápido ocurrió todo, ni descansar del viaje pude, oiga. Y eso que a yo no soy de esa gente acostumbrada a volar. Tal vez sea por el tupé, pero no podía estar de buena forma. O al menos, lo que yo pensaba que era buena forma observando al muchacho que se había acercado a mí. Se trataba un hombre de mi altura, y posiblemente de mi misma edad. Pero, al contrario que yo, que aparento algunos más años de los que tengo, el parecía ser más joven. Pese al delgadísimo cuerpo cuyo torso lucía con todo orgullo, tenía una musculatura muy trabajada. ¿Y ese era el Bishoku-ya que había contratado? Sin duda era alguien muy atractivo que tal vez en mis tiempos locos podría haber hecho dudar de mi sexualidad. Desde luego, él hubiera encabezado la lista del Contador de Chicos Buenos 3000 Propiedad de Copete abierto a todos los públicos sin ánimo de lucro marca registrada pero me hallaba feliz con mi decisión. El caso era que no parecía muy fuerte. ¿Cómo comería? O lo que es peor, ¿qué comería?
Por la expresión dibujada en el rostro de Oolong, supe que se preguntaba lo mismo. Cuando éste se dirigió hacia mí, preguntó por el trabajo. Había tenido la esperanza de que fuera un extraño turista y mi Bishoku-ya fuera el otro viajero que desembarcó aquí en El Bosque de Lamentos. Ese de… ¿dónde estaba?
Poco tiempo tuve para pensar. Tan solo asentí a mi cliente acariciando a Oolong, que se sentía inquieto. Cuando iba a responder de mejores formas, ocurrió lo peor que podría haber ocurrido en cualquier situación. No me refería a una nueva guerra entre naciones que tan sólo el Gran Gourmet Acacia podría detener. No me refería a un terremoto que destruyera todo aquello que encontrara. No me refería a un ataque de fantasmas de los difuntos guerreros caídos en el infame bosque de los lamentos. Me refería a aquella cosa que venía a por nosotros en manada… bichos.
Me revolví sobre mí mismo y sufrí un escalofrío. No había otro remedio, pesaba.

- No podía ser otra cosa… no –suspiré asimilando lo que se me venía encima. Con la vena del coraje de nuevo en funcionamiento, desenfundé una katana de madera comprada en el bazar que encontré en la primera ciudad después de mi pueblo y, a pesar de ser barata, estaba bien pulida y tenía resistencia. La solía llamar Bokutö de acuerdo a las raíces orientales de mi familia. Tampoco es que yo supiera mucho del antiguo idioma, pero esa palabra me resultaba graciosa. Así pues, les planté cara a los insectos y, en posición defensiva, les esperé vociferando y maldiciendo a sus progenitores.

- ¡Aquí me tenéis hijos de la prima de Lucifer! ¡Ya podéis ir prepa-…! –algo me cortó antes de terminar la frase. Era el hecho de que los insectos pasaban de mí. Se dirigían hacia otro blanco. ¿El Bishoku-ya? No. ¡Oolong!
Era una delicia verlo removerse por la tierra. “¡Oink, oink!” me decía… Ay, era una buena mascota. Cuando le vi intentar zafarse de ese pequeño Milpiés Gigante…
Espera, Milpiés gigante… ¡Un bicho!

- ¡Aguanta, Oolong! –no tuve más remedio que decir, saltando en su ayuda. Sostuve mi Bokutö con ambas manos y haciendo acopio de toda la fuerza que mi cuerpo podía soportar, hice un barrido a los insectos que en ese momento rodeaban a Oolong con afán de golpear al mayor número posible y apartarlos de mi cerdito a grito de:- ¡Amasar!



¡Amasar!:
¡Amasar!
Copete hace acopio de toda su fuerza y furia para desbordarlas en un sólo y potente ataque. Es un ataque cuya mejor opción no es bloquear el ataque.
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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Vincent Nightwish el Vie Feb 22, 2013 11:13 pm

El pelirrubio observó como aquel sujeto asentía, dando a entender que sí era el hombre del encargo. Aunque en el fondo habría deseado que fuera otra persona, no tuvo más remedio que aceptarle y tratar de que llegara en una sola pieza. No le importaba en lo más mínimo qué le sucediera al sujeto, pero lo cierto era que se había comprometido en regresarlo a su restaurantucho con vida. Después de todo, algo que caracterizaba al Bishoku-ya era el siempre mantener su palabra.

Aunque aparentemente hubo un intento por parte del Chef para presentarse adecuadamente, lo cierto es que no hubo tiempo para ello; literalmente de la nada, surgieron una cantidad considerable de asquerosos bichos gigantes que, según sus bastos conocimientos en el tema, se trataban de bestias cuyo Nivel de Captura era de uno: los Milpiés Gigantes, habitantes de todo lugar raro y tenebroso como aquel en el que se encontraban. Ante la vista del caballero dorado, aquellos seres de calaña inferior no le servirían como oponentes individuales, aunque teniendo en cuenta la cantidad y el hecho de que tenía que proteger a dos torpes criaturas como lo eran el cerdo y el tupé andante creía necesario no confiarse demasiado. Oscilando su lanza verticalmente produjo un ligero choque contra la coraza de uno de los insectos más cercanos, que por cierto, estaba a medio camino de acercarse a las patas del Cerdo Barbacoa. A pesar de la suavidad del golpe, fue suficiente para llamar la atención de la criatura, quien mostrando sus amenazantes mandíbulas se acercó al resplandeciente guerrero, desconociendo por completo las cualidades de su adversario; era una bestia descerebrada, carente de toda materia gris o cordura. El único propósito de esas monstruosidades era el de alimentarse, como todo en este mundo donde la glotonería era el día a día de cualquier ser.

– Uhm, veo con desagrado que eres un insecto bastante engreído. – Dijo con un tono de voz lleno de sorna aquel que respondiera al nombre de Vincent Nightwish, el Bishoku-ya de dorada armadura. Con un solo movimiento de su lanza y fiel compañera fue capaz de enviar por los aires al artrópodo, aunque no con la suficiente fuerza como dañarlo fue suficiente para devolverlo junto al resto de los suyos. Ciertamente, aunque trataba de que fuera lo contrario, el joven no podía tomar en serio a tan repugnante y flacucho oponente; no le importaba el número de ellos en lo más mínimo, ya que este no les resultaría como ventaja ante las fauces del león. O al menos, eso pensaba él.

Ya había notado que su acompañante también había iniciado la contienda contra uno de esos bichos que trataban de comerse a su cerdo. “¿Para qué demonios se trajo acá a ese animal a sabiendas de que íbamos a un lugar peligroso?” Aquella pregunta se formuló mientras se adelantaba y trataba de atraer la atención de todas esas criaturas, ya que pensó que sería lo correcto alejar al anciano ese del peligro. Además, para asegurarse de que por lo menos una cantidad moderada se centrara única y exclusivamente en su persona, pasó entre las bestias, fugaz como un rayo, blandiendo con ambas manos su lanza y apuntando al individuo más cercano del grupo. – Brochette. – Murmuró al tiempo que lograba un salto a corta distancia cerca del animal, impactando contra su coraza con tanta fuerza que dejaría en ridículo a un tren moderno, y a su vez logró llevárselo por delante con aquella gran potencia, aunque quizás optando por bajar levemente la intensidad del golpe; obviamente había buscado matar al bicho, pero el pelirrubio era consciente de que si llegaba a pasarse con su fuerza seguramente aquella manada de seres rastreros mantendría al cerdo y a su acompañante como el objetivo central, y esa no era la idea. – ¡Vengan por mi, seres repugnantes! –. Vociferó mientras daba la vuelta sobre si para observar de nuevo a las bestias, ya que con el impulso de su ataque fue capaz de llegar al otro lado de la escena y situarse justo detrás de las criaturas. Blandiendo su lanza los señaló con un dejo de arrogancia y extrema confianza en sí mismo, siendo sus ojos dos haces de luz carmesí. No importaba si eran insectos o dragones, él se aseguraría de destrozarlos a todos.

Técnica:
Brochette

Ataque básico de Vincent. En el, concentra una gran cantidad de fuerza en el brazo que sostenga su fiel compañera y después da un gran salto hacia delante en dirección al contrincante con una aventajado de un altísimo nivel de propulsión; el truco de esta técnica es que, aparte de su poder destructivo ningún enemigo se esperaría un ataque de ese estilo, ya que puede ser utilizado tanto a larga como a corta distancia (siendo esta última la forma de sacar todo su poder destructivo). Entre mayor sea la distancia, más costoso será acertarle al objetivo.
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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Frohze el Mar Feb 26, 2013 7:44 pm

El pequeño ejército de ciempiés avanzaba unos sobre otros, imitando a una pequeña pero letal ola ennegrecida cuyo objetivo era el devorar a la fuente de aquel delicioso olor a asado que se encontraba detrás de los dos hombres que acababan de llegar a las orillas del bosque.
Algunos de los ciempiés más rápidos y hambrientos, se habían adelantado al grupo para dirigir sus fauces a la tierna y deliciosa carne del pequeño cerdito, pero a pesar de esto jamás llegan a clavar sus temibles fauces en la indefensa criatura, debido a que ante de conectar con ella el hombre de extravagante cabellera propina poderosos golpes que logran alejar a los bichos, aunque también logra dejar inconscientes a aquellos que habían recibido un impacto directo. Aquellos ciempiés que habían sido lo suficientemente agiles para evitar el golpe se acomodan en un punto lejano del hombre de la espada de madera, más si instinto de grupo pude más que su razón, abalanzándose sobre el hombre del tupe para librarse primero de él y luego de despejar el camino, devorar al indefenso porcino.

Mientras tanto, por parte del Bishoku-ya profesional, este había podido pasar entre el tumulto de bestias insecto, barriendo en su carrera al que lideraba el grupo, mandándolo a volar con su coraza destrozada, cayendo innerte en el suelo a algunos metros de distancia. El bishoku-ya finaliza su carrera sin ningún inconveniente del otro lado del grupo de ciempiés gigantes, los cuales se dividen en dos facciones, los que estaban más cerca de Vincent, se dirigen contra él, apreciándolo como una nueva presa a la cual devorar, mientras que los que estaban más cerca del cerdito barbacoa y del cocinero de “La patata Hervida”, se abalanzan sobre los mismos para cumplir con el objetivo original de su ataque, y de paso hacerse un tentempié con la carne del chef.

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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Eltío D. Copete el Miér Feb 27, 2013 9:56 am

Era increíble, no paraban de salir. Por suerte había logrado alejar el peligro con mi barrido y de paso impactado a algunos. Los observaba desde mi posición, aun en forma. Los bichos caído se hallaban a mi alrededor. Dos delante, dos a la derecha y uno a la izquierda. Uno tenía la cabeza machacada por el testarazo propinado y supuraba una especie de líquido verde y espeso, que soltaba burbuja tras burbuja al salir del interior del cuerpo del insecto. Era repugnante, y lo extraño es que aun parecía que seguía vivo, inconsciente. Los otros cuatro yacían también sin conocimiento en el suelo, o eso pensaba, pues pude apreciar cómo uno de mi derecha comenzaba a zarandease levemente, recuperando la movilidad.

- ¿Has intentado atacar a mi cachorro?dije sin ninguna clase de reparo al insecto que volvía en sí, con la vena de la frente más hinchada que nunca-. Lo siento, pero eso un delito de primera.

Acto seguido, con un grito de baja intensidad pero de tono ronco, arremetí de nuevo contra el milpiés gigante para propinarle el golpe de gracia. Coloqué el bokutö sobre mi cabeza y bajé con fuerza. Lamentablemente fallé, pues, a pesar de tener una cabeza bien distinguida, mi puntería en esa clase de posiciones es peor que la que podría tener Oolong con un arco de caza.

- ¡Yagh! grité de nuevo, y repetí el movimiento. No fallé, y solté un suspiro de satisfacción-. Faltan cuatro –continué, secándome el sudor de la frente-. A acabar la faena.

Acabé con todos los milpiés que había dejado inconscientes a mi lado, asegurando que no volvieran a levantarse. Además, qué asco me daba los bichos. Que los acoja Acacia en su seno y que los sufra él.
Sin embargo. El alivio que sentí al llevar tal tarea poco duró, pues cuando pude darme cuenta los ciempiés lejanos, que se había limitado a observarme, comenzaron a volar en manada hacia mí, hambrientos.


- Se nota que estamos en la era gourmet; maldito bichejos con algo de cerebro. –refunfuñé viendo el panorama.

Me puse de nuevo en guardia. Pude comprobar cómo el Bishoku-ya que había contratado, de nombre Vincent –o eso pude leer en el recibo del trabajo encargado- también se hallaba atareado encargándose por su lado de varios miles de millones de milpiés. ¡Si es que no paraban de venir!
Decidir no gastar energía tontamente. Optaría por lo fácil: cebo vivo. Miré de nuevo a Vincent, aunque no pude sostener su mirada mucho tiempo. Me atemorizaba. Así que, por ello, preferí no utilizarlo en mi plan. Así que solo quedaba yo.

Retrocediendo mirando siempre al frente, viendo como la manada de insectos se acercaban a mí cada vez más hambrientos y puede que enfurecidos, llegué hasta Oolong. Le puse una mano en su espalda, que segregaba la salsa de barbacoa de tanta fragancia, y le dije que se alejara un poco. Le señalé a la explanada donde el avión anteriormente había aterrizado. Estaba lo suficientemente alejado de los árboles como para que otra clase bichejos le sorprendiera. Era un buen lugar.
El cerdito refunfuñó un poco, creo que quería ayudar, pero tras propinarle un pequeño capón, obedeció dudoso.


- Luego se lo recompensaré al pobre, pero ahora…
Agité entonces la mano completamente impregnada del líquido barbacoa, que pude comprobar de primera mano, literalmente, cuán delicioso era, para esparcir el olor por el aire y que los bichos se fijaran en mí. Acto seguido, restregué el pringue por mi chaqueta para ser yo quien llamara la atención de los insectos, Y corrí a alejarme un poco, para que me siguieran.
Cuando corría, pude ver cómo Oolong se restregaba contra el suelo para ensuciarse el tronco y evitar oler de aquella forma. No taparía la fragancia por completo, pero al menos la atención se centraría en mí. Qué listo era mi chico.


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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Vincent Nightwish el Vie Mar 01, 2013 2:43 pm

Parecía que en principio el joven de cabellos dorados había logrado llevar a cabo su objetivo. Pero, en un arrebato de valentía, aquel chef de gran tupé cuyo nombre le era desconocido cambió los papeles de ambos; se suponía que el Bishoku-ya iba a ser la carnada, no aquel hombre. – Bueno, supongo que cada loco con lo suyo… – se dijo para sus adentros el cazador gourmet, mientras observaba como aquel sujeto se llenaba de esa sustancia cálida y grasosa que secretaba su cerdo mascota y comenzaba a correr hacia la dirección contraria para llamar la atención de los bichos, con la clara intención de llevarlos lejos del animal. Y este, a regañadientes cabe aclarar, se ocultó tras un tronco después de rodar sobre el pasto tratando de ocultar en lo posible su olor a barbacoa, lo cual probablemente sería más que suficiente para que los milpiés siguieran a ese tío temerario. Tenía estilo, eso creía el pelirrubio quien a cada paso que daba en esta aventura se interesaba más en ese sujeto, ya que de por sí le parecía un plebeyo bastante curioso y, en cierta medida, bastante divertido. Primero fue el rescate de su mascota, y ahora ese acto tan estúpido y valiente que acababa de cometer para, en palabras propias de Vincent, “quitarle protagonismo” y dejarle en segundo plano. Sinceramente era verdad que no le apetecía salvarle el trasero a un montón de carne y huesos que recordaban al burro de Elvis Presley (un cantante contemporáneo que suele cantar en el bar al que suele ir con frecuencia. Aunque probablemente el cabello del cantante sea nada en comparación al del chef), tampoco podía darse el lujo de ver como el hombrecito sufría y era devorado frente a sus ojos. Aquello mancillaría sin duda su reputación como Bishoku-ya, porque después de todo: ¿Quién contrataría a un cazador capaz de dejar morir a su cliente, por mucho de que en el contrato se estipulara que todo lo que le pasara iría por cuenta de él y no sería culpa suya? Sería como decirle al mundo “Soy un perdedor de primera” al mundo entero.

Aunque quizás fuera una mera excusa para no dejar morir al tío, también era verdad que estaba el pelirrubio estaba en lo cierto. Su historial se vería manchado si sucediera lo peor.

Al son de un tarareo, Vincent balanceó de un lado a otro su lanza mientras observaba como algunos de los insectos mantenían su mirada fija en el caballero; sus ojos como rubíes destellantes se mantenían serenos a pesar de la situación, fuera porque estaba confiado o quizá debido a la experiencia, ya que no era la primera vez que se encontraba rodeado de enemigos y, por su puesto, no sería la última. Repentinamente, la expresión en sus facciones dejaron de ser serenas para abrir paso al primitivo sentir de la ira: ahora estaba molesto. – ¿Cómo es que ustedes, purulentas alimañas, osan siquiera a levantar sus repulsivos rostros del suelo en mi presencia? –. Los orbes del joven hombre dejaron de mostrar las sosiegas y puras aguas de un riachuelo para transformarse en lo que sería una tormenta caótica y airada, y al mismo tiempo la figura de un imponente león tomó forma detrás, materializado por el deseo de luchar que ostentaba ahora mismo su invocador; de tonalidad dorada y toques carmesíes, el felino rugió ferozmente al unísono de una exclamación que lo igualaba en salvajismo. Saltando con todas sus fuerzas, el pelirrubio se alzó sobre las cabezas de las bestias y proyecto todo su cuerpo hacia una de ellas, apuntándola con su lanza mientras descendía a una alta velocidad, retomando el combate por donde lo había dejado con la clara intención de empalar al primer ente que se cruzara con su persona.
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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Frohze el Sáb Mar 02, 2013 9:15 pm

El plan del chef de estravagante cabellera crea un efecto positivo para sus intenciones, al lograr que la mayor parte de los cienpies sucumbieran a sus mas primario instinto, el de alimentarse. El suculento olor que emitia el cero barbacoa, es opacado por la tierra en la que se restregaba en esos momentos, para que la unica fuente de dicho aroma, fuera el joven chef.

La mayor parte de los cienpies que quedaban, 30 de los 40 que habia en total, se dirigian ahora a toda velocidad hacia Eltio, buscando meterse dentro de él y carcomerlo hacia afuera, sin duda una muerte muy dolorosa si le sucedia.

Por otra parte, del lado del caballero dorado, solo una parte de los cienpies que originalmente lo rodeaban habia podido resistir el llamado del delicioso olor que despedia su acompañante. Los que se habian quedado seguian en esos momentos su instinto de lucha y superivivencia, el cual le indicaba que darle la espalda al dueño de la gigantesca lanza, seria igual a morir.

El rapido ataque de Vincent, con el cual logra terminar con la vida uno de los cienpies, provoca que todos las demas, 9 en total luego de la muerte de su compañera, se abalanzaran sobre él, queriendo devorarlo al igual que a su acompañante.

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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Eltío D. Copete el Dom Mar 03, 2013 3:25 am

Mientras corría, eché la mirada hacia atrás, ¡y había funcionado! Era increíble. Pude ver cómo la manda de Milpiés Gigante cambiaba su rumbo para dirigirse a mí, mientras Oolong suspiraba de alivio, cansado de tanto revolcarse en la tierra enfangada. Yo seguía corriendo.
Eché otra mirada hacia atrás para mirar los bichos.


- ¡La madre que ha parido a mi hermana! –no pude evitar soltar. Aquello era una nube negra y marrón, pero sin contar lo agradable de las nubes. El continúo siseo que emitían sus rápidas patas al moverse erizaba hasta mi cabello, que pasó de ser un tupé horizontal a ser una torre de pelo engominado y bien lubricado.

Corrí entonces con toda mi alma. Maldije al dios que les había dado forma y vida, ¿qué ser misericordioso inventaría una criatura así? ¡Si solo sirven para crear los ambientadores que huelen tan bien! Cuando volviera a casa, lo primero que haría sería poner en mi restaurante un cartel que prohibía la entrada a insectos, aunque sean para cocinar.

Pero a pesar de todas las maldiciones y blasfemias que soltaba en mi entonces impura cabeza, decidí concentrarme en correr. Yo nunca fui un hombre rápido, y esos pequeños cabroncetes me estaban ganando terreno.
Corrí y corrí. Pasé por un árbol solitario en la explanada, era alto y robusto, con un grueso tronco y afiladas y pequeñas hojas; decidí no darle importancia, tenía mayores preocupaciones. Pasé por un pequeño charco que ocuparía el terreno de una casa individual; se habría formado por la lluvia, pensé. Pasé también por debajo de una pared de rocas de cinco metros de altura. Las rocas parecían bastante inestables, podrían desprenderse de aquella especie de acantilado en cualquier momento.
Cuando me quise dar cuenta, me había alejado mucho de Oolong y Vincent, y el cerdito me miraba con una cara de preocupación, pese a estar enfadado conmigo. Cómo adoraba a mi pequeño.


- ¡Es hora de zampar, bichejos! –grité extasiado. La verdad es que estaba resultando un combate extraño, pero me gustaba la emoción que sentía. Entonces me quité la chaqueta y la sostuve con la mano derecha. Frené mi carrera y observe cómo los milpiés se lanzaban a por el agradable aroma que desprendía la prenda. A continuación, hice acopio de toda la fuerza y presión que mi brazo derecho podía soportar y lancé la chaqueta lo más lejos que pude. Reconocí que, pese a mi forma muscular, mi fuerza disminuía en gran cantidad cuando realizaba un movimiento que apenas dependía de mis células gourmet. Pero fue lo suficientemente efectivo como para que la chaqueta embadurnada de salsa barbacoa cayera lo más lejos que pudo, bajo el acantilado. No sabía si aquello iba a funcionar, pero yo estaba ocupado pensando una ruta de escape.
Y ésta apareció. Tenía cuatro pequeñas patas con pezuñas, un hocico con dos cuernos y un pringue viscoso y pegajoso a la espalda. Oolong me había arroyado por la espalda para que me subiera su lomo y así funcionó. Por las huellas que había dejado su paso –ya que el cerdito pesaba lo suyo-, supuse que había rodeado la ruta que yo había escogido. Ahora solo faltaba correr, y que los bichos no nos persiguieran. Empezamos a hacerlo.

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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Vincent Nightwish el Sáb Mar 09, 2013 1:45 pm

El golpe había matado en seco al infame bicho, quien se retorció por unos momentos bajo el peso de Fulgor Dorado hasta quedar inerte en el suelo. El resto por mientras se mostraba algo intimidado ante la perdida de tantos de los suyos, pero todavía seguían con la idea de zamparse al peculiar dúo. Pero no iba a ser tan sencillo.

Todos aquellos milpiés asquerosos se lanzaron en un último intento por someter al paladín de cabellos dorados; todos a la vez, en una formación que realmente habría podido hacer reír hasta al soldado con menos experiencia dentro de un ejército. – ¿En serio creen que eso bastara, zarrapastrosos? – Dijo él, confiado ante la situación actual. Aunque la verdad es que, muy en el fondo, estaba preocupado aún por el estado del sujeto que le acompañaba; pese a que parecía saber cuidarse solo, era obvio que su talento no nacía del combate, sino de la cocina. Y además, por haberle quitado protagonismo el pelirrubio ahora estaba ansioso por golpear al atrevido y, de ser posible, cortarle aquel enorme tupé y llevárselo como trofeo de guerra. Quedaría muy bien encima de la mesita retráctil que había colocado una noche atrás por motivos desconocidos. O quizás podría vendérselo a Elvis, seguramente aquel sujeto pagaría una buena cantidad de dinero por una peluca tan grande y fiel a su estilo como esa.

Como si el mundo se hubiera detenido y todo fuera en cámara lenta, Vincent observó cómo aquellos bichos se le acercaban, abriendo sus feas mandíbulas de las que salía una mugrosa baba de color amarillo; estaban hambrientos, como muchos otros seres que vivan en este mundo donde la comida y la pasión lo son todo. Dejando de lado sus prejuicios y la egolatría que lo caracterizaba, sus ojos se tornaron mucho más serios que de costumbre, como si viera por primera vez a esa manada de insectos como un contrincante y no sólo como seres inferiores; pese al hecho de que estaba de cara a la muerte, sus ojos en todo momento mostraron todavía esa tranquilidad y la grandeza que le caracterizaba. El león no subestimaba a sus presas, pero tampoco les debía importancia.

– ¡Gold Shield! – Exclamó, justo al tiempo que hacía girar su lanza a una velocidad vertiginosa, formando uno círculo defensivo inquebrantable de color dorado que se interponía entre sus atacantes y su creador. Y sin más, todos y cada uno de los insectos que se habían lanzado en su ataque fueron proyectados brutalmente hacia los lados, siendo enviados varios metros por encima del suelo hasta impactar con fuerza sobre el mismo, como pequeños meteoritos. Habían cometido un error fatal al usarse a sí mismos como proyectiles, ya que justamente era un ataque especializado en la redirección y defensa contra ataques de larga distancia. Supo que el ataque había sido efectivo, pero Vincent no estaba del todo seguro de que aquellos bichos se hubieran rendido con tanta facilidad; de todos modos, tampoco podría permitirse el lujo de esperar. Tenía trabajo por hacer, mucho trabajo de hecho.

Observó y a lo lejos divisó la situación del posible treintañero, quien había obtenido la ayuda de su cerdo mascota y ahora parecía estar a una distancia mayor entre los bichos y su persona; también notó que varios de estos, que dentro de su campo de visión le parecían rezagados, y los que aún insistían en perseguir a Eltío, estaban cerca de una gran estructura rocosa.

Es perfecto, pensó mientras que casi por instinto comenzó a caminar en dirección al grupo de insectos, y luego a correr al máximo que le permitían sus piernas; al acercarse lo suficiente, paró en seco y, como si se tratara de un gigantesco misil dorado, lanzó a su compañera hasta la estructura rocosa, impactando con tanta fuerza que el coloso natural que este cedió parcialmente, dejando caer una pequeña avalancha de pesadas rocas y tierra seca sobre los milpiés, agarrando a estos por sorpresa.

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Esta técnica defensiva de Vincent se basa en girar su lanza a gran velocidad hasta que esta se convierte prácticamente en un escudo de viento y oro capaz de bloquear la ofensiva del contrincante y, en caso de ser un ataque cuerpo a cuerpo, devolverle gran parte del daño, por lo cual también podría ser considerada un contraataque. A pesar de que resulta ser una buena defensa contra ataques frontales, resulta casi ineficaz contra ataques que vengan de los lados y por si no fuera poco también bloquea por completo el uso de cualquier ofensiva para el usuario, obligándole a mantenerse a la defensiva ante ataques continuos. Su efectividad será mayor contra proyectiles y menor contra ataques cuerpo a cuerpo.
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Re: Oro y Tupé, a la caza del Mad Dragon [Caza - Cooperativo]

Mensaje por Frohze el Jue Mar 14, 2013 5:42 pm

El numeroso grupo de ciempiés se dirigían en contra de Eltio, con toda la intención de volverlo su almuerzo, junto con el pequeño cerdo barbacoa que traía consigo, más su furiosa carrera es detenida por la avalancha de rocas causada por Vincent, el cual por su parte había terminado con las bestias insecto que lo rodeaban. El ejercito de ciempiés queda enterrado en un gran montículo de tierra y piedra, acto seguido, los pocos sobrevivientes del grupo de bichos, sale corriendo despavorido de la zona, internándose una vez más en las profundidades del bosque.

La lógica simple indicaría que el motivo de la huida de las bestias insectos, sería el gran poder demostrado por Vincent, o que se habían rendido de perseguir a una presa tan rápida como lo era el hombre de gran tupe, pero eso estaba muy lejos de la verdad, el motivo había sido el pesado respirar de un ser que había estado descansando detrás de la estructura rocosa, el cual había sido despertado por el molesto caer de las rocas, aunque a diferencia de los ciempiés gigantes, la avalancha de rocas y tierra era poco más que una leve molestia para la poderosa bestia, la cual se levanta en sus cuatro poderosas patas, rugiendo con furia a la vez que desplegaba sus magníficas alas de murciélago, causando sendas corrientes de aire y polvo por el movimiento de sus membranas.

Frente a los dos aventureros, estaba la presa por la cual habían llegado a tan recóndito y peligroso lugar, la bestia dragón de nivel de captura 13, el Mad Dragon, el cual, sin perder ni un segundo, aprovecha su cercanía con Eltio para dar un salto y planear hasta su posición, cortando la distancia casi al instante y golpeándolo con una de sus garras, con una fuerza tan grande que lo manda volando hasta quedar a medio camino entre su posición y la del caballero de dorada armadura. A pesar de la fuerza, el golpe había sido con el dorso de la garra, por lo que el cocinero no representaba cortes en su cuerpo, más que los causados por el impacto con la tierra.


OFF:


Nombre: Mad Dragón.
Nivel de Captura: 13
Breve descripción: Es un gran dragón de colores oscuros que asimilan a la carne podrida. Posee patas bastante cortas en comparación a su cuerpo y alas igual de cortas, de hecho se podría considerar como un dragón pequeño. A pesar de ello, posee garras tan afiladas que pueden partir en dos el cañón de un tanque y un aliento venenoso extremadamente nocivo.
Habilidades destacables: Aliento altamente tóxico que puede dejar fuera de combate a sus presas y garras bastante afiladas.
Extra: Su carne por poco que lo parezca es una verdadera exquisitez, aunque es difícil prepararla.
Preparación: quince post.

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